domingo, 10 de marzo de 2013

Presos del tiempo (2)



...
 
La encontró sepultada debajo de un millar de objetos, entre ellos algo parecía un montón de tubos fluorescentes de los que se ponen en las clases de colegio; estaban algo amarillentos; rotos en su mayoría. Durante un momento dudó si se habrían roto con la caída o si ya vendrían rotos dentro de las bolsas antes del incidente. Se sorprendió pensando en para qué podría alguien utilizar tubos fluorescentes rotos, pero desechó ese pensamiento rápidamente; ya tenía suficiente papeleta con ayudar a aquella malparada damisela como para encima andar perdiendo más tiempo pensando en tonterías sin sentido. Involuntariamente miró el reloj antes de ayudar a la muchacha y observó que marcaba las 8:08; contuvo un escalofrío al pensar en el tiempo que estaba perdiendo durante aquella mañana e hizo un rápido cálculo mental; si la chica se encontraba bien no tardarían más de diez minutos en poner orden juntos a aquel desastre, eso le situaba en las 8:18; más 13 minutos que tardaría en llegar al trabajo si no se encontraba con tráfico le situaban en las 8:31. Suspiró aliviado pensando en que podía permitirse llegar un minuto tarde al trabajo después de diez años llegando el primero absolutamente todos los días. 




Un poco más relajado se acercó a la señorita, que se debatía entre la vida y la muerte con los dos perros tirando cada uno hacia un lado de la calle. 




–Perdóneme, señorita, no la había visto venir. Si me permite la ayudaré a levantarse y a recoger todo este caos, entre los dos tardaremos un momento; si usted se encarga de ese cuadrante de la acera mientras yo sujeto a los dos perros y los ato a esa farola después podemos, entre los dos juntos agrupar aquél sector de ahí enfrente para después…







–¡¡Se quiere callar de una vez y ayudarme a levantarme!! Hay algo que me está aplastándola pierna! Creo que me he roto un tobillo…







–No diga usted eso mujer –Contestó sobresaltado– Seguro que no es nada; verá como en cuanto se quite toda esa basura de encima descubre que está usted fresca como una rosa.







–¿Cómo que basura? Basura serás tú, ¡desgraciado! Si te digo que me lo he roto es que me lo he roto, y esa “basura” son mis cosas, ¿vale? Cada uno tiene sus cosas, las de algunos son más bonitas que las de otros, las de otros son más nuevas y las mías son estas. ¡¡Pero te quieres poner a ayudarme de una vez y quitar esa cara de pasmarote!!







De repente volvió a reaccionar, se dio cuenta de que se le había desencajado un poquito la mandíbula y se le estaba cayendo la baba, además, tenía la mirada perdida y un ligero tic en el ojo derecho.  Recuperó de nuevo la compostura y se dispuso a levantar a aquella pequeña bestia de pelo negro rizado del suelo. La sujetó con toda la suavidad del mundo, como el que sujeta una bomba que explosionará con el menor movimiento brusco, como sujeta una madre a su bebé recién nacido a la vez que como sujeta uno una bolsa de basura que apesta y que, además, pringa. Cuando la bestia se puso de pie trastabilló, exclamó un aterrador grito de dolor y comenzó a escupir una serie de tacos tan horribles que nuestro buen amigo se escandalizó tanto que estuvo a punto de soltarla y salir corriendo para alejarse de aquél demonio encolerizado. Entre otros muchos exabruptos los más destacables eran que se había roto la pierna, que nunca más podría volver a jugar al rugbi, ni escalar el Everest, que se la iban a tener que amputar, que no tenía dinero para la silla de ruedas, que con muletas no podría sacar a los dos perros y que siempre había soñado con ser bailarina de claqué, y que con un solo pie no iba a poder llevar el ritmo en condiciones y no iba a durar nada en la profesión.



Nuestro compañero la miró con la misma cara con la que se mira un chicle que se te ha pegado en la suela del zapato mientras ella soltaba toda esta retahíla de incoherencias, apoyada en su hombro con un brazo mientras con el otro seguía sujetando con brazo de acero a los dos enormes perros que estaban olisqueando la rueda de un coche aparcado en la calle. Cuando parecía que la muchacha se calmaba un poco la ofreció sentarse en un banco cercano y llamar a una ambulancia para que vinieran a aliviar su pena, que no creía que fuese necesario cortar ninguna pierna y que, posiblemente, pudiera bailar claqué sin problemas en un futuro no muy lejano. 




– ¿De veras? –Preguntó mientras se sorbía los mocos.







–Seguro que sí –Afirmó él solemnemente­– Ellos sabrán lo que tienen que hacer con una pierna rota, son profesionales de la materia, les puedo llamar y, aproximadamente en cuatro minutos y medio estarán aquí, el centro de salud no está muy lejos, y a esta hora seguramente haya alguna que aún no haya salido a atender una urgencia, por lo que es cuestión de hacer una llamada de…







­–Pensándolo bien –Interrumpió–  en verdad no me duele tanto; creo que solo me he torcido el tobillo; un pequeño esguince. Sí, seguro que ha sido eso, un esguince. Valoración de daños: Esguince en primer grado en la escala de Rochestein.















En ese momento comenzó a reírse, y era la risa más angelical que nuestro amigo había escuchado en su vida. Era similar a una catarata, como un millón de piedrecitas rodando por la ladera de una montaña, como la lluvia repiqueteando sobre el cristal de un coche mientras dentro suena una canción de blues. Una risa cálida, acogedora, como una chimenea, como un radiador de aceite en una cabaña de madera en medio de una montaña llena de nieve. Durante un instante se olvidó del tiempo, de los horarios de las ambulancias, de los minutos que quedaban antes de que llegase la hora de entrar a trabajar, se olvidó del reloj y se concentró únicamente en escuchar a ese monstruo reírse, porque sólo un monstruo podía reírse de aquella manera después del recital de palabrotas que había soltado un momento antes.


Por un instante se descompuso; durante aproximadamente 40 segundos dejó de verle el sentido a su milimétricamente calculada vida, se descubrió pensando en que nada de lo que hacía le resultaba satisfactorio, en que se sentía triste, incompleto, solo… Luego volvió en sí; sacudió todos los pensamientos inútiles que le rondaban la mente y cogió las riendas de nuevo de aquél fatídico día. Miró el reloj, un gesto que repetía cientos de veces desde que se levantaba hasta que se iba a dormir pero que en pocas ocasiones le aterraba tanto como le aterró en ese momento. Eran las 8:24. ¡Y aún no habían empezado a recoger aquél desastre! Tenía que escaparse de allí como fuese; debía alejarse de aquella chica o perdería su trabajo, su dignidad, su orgullo, su sentido del derecho y su posición como persona más puntual de la oficina que tantos años le había costado ganarse; sus compañeros de trabajo le llamaban Puntualín, lo cual como mote dejaba mucho que desear, pero a él le resultaba sumamente gratificante que le saludasen por las mañanas con ese apelativo; por así decirlo esa era la merecida recompensa que obtenía por su férreo control del tiempo; llegar a la oficina y que Antúnez, o quizás Redondo le dijeran un: “Buenos días Puntualín, qué raro verte tan pronto ¿Has dormido aquí hoy?” O quizás un “¡Hey Puntualín, cada día abres más pronto el chiringuito!”
No nos engañemos, era una recompensa de mierda, pero a él le gustaba. Ese apodo tan sosainas era de una de las pocas cosas que realmente le hacían feliz en su vida.

Pero, volviendo a la situación de crisis en la que nos encontrábamos, ese mote estaba a punto de dejar de existir si no hacía algo lo antes posible, la irascible desconocida había dejado de reírse y parecía que se estaba quedando dormida sentada en el banco, se fijó un poco mejor en ella y observó a una muchacha con el pelo muy negro, ondulado, con los pómulos bastante afilados y la frente un pelín hundida, aún así tenía un rostro amigable, con arrugas al lado de los ojos, muestra de que sonreía más de lo debido desde su punto de vista; descubrió también unas grandes ojeras debajo de los también grandes ojos castaños, muy oscuros en los bordes y más marrones hacia el centro; lo primero que se le vino a la mente al ver esa extraña combinación fue que esos ojos parecían dos donetes.

 Ese pensamiento impropio de él brotó con una celeridad terrible, y lo peor es que vino acompañado de una inesperada sonora carcajada. Nuestro amigo no era muy dado a reírse en público; en realidad no era muy dado a reírse en ninguna parte. De vez en cuando se permitía lucir una tímida sonrisa cuando leía alguna tira cómica especialmente divertida en el periódico, o cuando le contaban un chiste espectacularmente bueno, aunque tampoco era muy amigo de las tiras cómicas, ni de los chistes; normalmente le parecían una pérdida de tiempo; y ya sabéis lo que adoraba las pérdidas de tiempo aquél buen señor. Pero en ese momento se rió con fuerza durante un segundo y paró bruscamente, avergonzado de lo que había hecho.  Su carcajada sacó a su acompañante de aquella duermevela en la que se había quedado prendida.

–¡Pero bueno! ¿Te estás riendo de mí?

–¿Cómo? No, no –respondió avergonzado­– es sólo que sus ojos… Bueno, que, resulta que… Por un momento me habían parecido… Esto… La cosa es que… Bueno, si ya se encuentra mejor, creo que puede apañarse sola, ya no le hago falta aquí, siento mucho lo del golpe y todo eso…

Intentó levantarse del banco, pero una mano firme le agarró por la manga de la chaqueta. La escuchó coger aire. Se preparó para lo peor…

–¡¿O sea, que primero me atropellas, luego te ríes de mi cara y después te intentas largar dejándome aquí colgada con una pierna rota y mis cosas esparcidas por la calle?! ¡Tú lo que tienes es mucho morro! ¡Menudo impresentable! ¡Por culpa de la gente como tú el mundo va así de mal, las guerras, la crisis, los problemas entre naciones, todo es por culpa de ese tipo de gente, que hoy es capaz de dejar desamparada a una pobre señorita malherida en medio de un peligroso atasco en la ciudad y mañana puede ser capaz de matar a veinticinco niños a sangre fría en un colegio con una escopeta de caza, que en cualquier momento puede sacar un…

–Tranquila, tranquila, no pasa nada, nadie va a matar niños, yo sólo quería decir que, si se encuentra usted mejor, puedo ayudarle a recoger todo esto en un minuto y después marcharme, que tengo que ir a trabajar, debería entrar a las ocho y media, pero mire, las ocho y veintiséis y aquí estoy, hablando con usted cuando debería estar ya subiendo por el ascensor de mi empresa, porque encima resulta que hoy el jefe iba a hablarme de ese asunto tan importante que a mí me suena a ascenso, pero claro, si llego tarde lo mismo ya no le interesa charlar conmigo y sigo en el…

­
–Eh, eh, tranquilo muchacho que estas cogiendo carrerilla, y a mí tus tejemanejes esos que te traes entre manos me dan bastante igual. Yo necesito que me ayudes a organizar un poco mis cosas y que, por lo menos, me lleves al centro de salud a que me miren esta piernecita, mira, ¡se está hinchando! A ver, ¿qué pasa si me aprieto aquí? Aaaayyyyyyyy cómo me dueleeeeeee, que me muerooooo!!!

–No, no, deje de guitar y mejor no se apriete nada, no vaya a ser que venga la policía a detenernos por escándalo público. Venga, vamos a recoger todo esto de una vez...


(Continuará...)
 

domingo, 13 de enero de 2013

Presos del tiempo.

Lo que más miedo le daba en el mundo eran los relojes parados. Con el paso de los años se había convertido en un esclavo del tiempo, por culpa de las obligaciones, de los quehaceres y de los compromisos se había acostumbrado a vivir pegado a su agenda y, sobre todo, a su reloj.

El despertador sonaba a las 7:25; se permitía remolonear hasta las 7:32; se levantaba, se vestía, desayunaba, se aseaba y a las 8:04 salía de casa para ir al trabajo, al que tardaba entre 13 minutos en llegar si no había tráfico y 22 si la carretera estaba llena de coches o si había habido algún accidente. A las 8:30 fichaba la entrada, y su día proseguía exactamente como debía proseguir, acompasando sus movimientos a los del tic-tac del reloj que le encadenaba la muñeca.

Un día, se levantó y, al ir a tomar el desayuno, observó que el reloj de la cocina marcaba las 5:03, cosa absolutamente imposible, puesto que el despertador, el móvil y el reloj de muñeca estaban perfectamente sincronizados. Se asustó, comenzó a sentirse mal, le entraron mareos, nauseas, vértigos, dolor de estómago, de cabeza, de garganta; se le aceleró el pulso, le bajó la tensión, luego le subió, luego volvió a bajar, se vio inundado de sudores fríos, le asaltaron los temblores, flojera, malestar general y boca pastosa.

Era el precio que tenía que pagar por haber decidido sincronizar su vida con el latir del metrónomo del tiempo; no soportaba que algo se saliese de ese gélido orden que le imponen al mundo las horas, los minutos y los segundos, le desquiciaban las personas que no llevaban reloj o que, aún llevándolo, no lo tenían en hora.

Era la vida que había decicido vivir, fue él quien aceptó voluntariamente convertirse en un esclavo del tiempo, le reconfortaba la seguridad que daban esas 24 horas al día, inquebrantables, inamovibles, imperceptibles, siempre presentes, siempre guiando sus pasos sin margen de de error posible.

Cuando se recuperó del disgusto y se permitió tomarse un minuto para relajarse (contando hasta 60, un número por segundo) volvió a poner el reloj en hora (las 7:42) y siguió con sus tareas cotidianas, un poquito más rápido que de costumbre para reencontrarse con su férreo horario.

Pero ese día ya prometía horrible desde el principio; según salió por la puerta de casa para ir a por el coche uno de esas horribles personas que trabajan robando tiempo a los demás interceptó su trayectoria y le dijo las palabras que él más odiaba en el mundo entero:

- Disculpe caballero, ¿tiene usted un minuto para realizar una encuesta?

A lo que él respondió borde, serio, petulante, intransiguente, pretencioso y un poco asquerosito (pero no por ello falto de sinceridad):

- Por supuesto que no, señor.

Con tan mala fortuna que, al desviar la vista un segundo de su camino para observar a aquel impresentable, tropezó con una señorita que paseaba, demostrando un equilibio inexplicable, dos grandes perros, cuatro grandes bolsas llenas de grandes objetos y una gran mochila; todo ello simultaneamente, con una perfección rayana en la imposibilidad.

El problema es que ni él contaba con la interrupción de aquél robatiempos ni ella contaba con la interrupción de nuestro protagonista, ese señor que no se molestaba en mirar hacia delante cuando caminaba por la calle. La colisión fue sobrecogedora, brutal, impresionante, demoledora, un espectáculo audiovisual repleto de cosas volando, perros ladrando, maldiciones, improperios, cristales rotos y coches pitando.

Nuestro querido amigo se vio superado por la situación; ¿qué más podía pasar? Primero lo del reloj, luego el odioso ladrón del tiempo y después aquella alocada muchacha que abarcaba más material del que podía acarrear una persona humana decente. Se vio en el dilema mental de marcharse sin hacer ruido aprovechando el alboroto de la situación o ser un caballero y ayudar a la joven a recoger aquél estropicio, lo cual le demoraría los minutos suficientes para llegar tarde a todos sus compromisos durante, por lo menos, el resto de su vida (si aún no os habíais dado cuenta os apunto que nuestro hombre era un pelín exagerado)

Al final le pudo la caballerosidad; el buen ciudadano que todos llevamos dentro ahogó a esa bestia inmunda que le exigía que se marchara de la escena del crimen y se dispuso a socorrer a aquella pobre dama en peligro, sepultada por al menos cien millones de toneladas de material de todo tipo. Incluso parecía que uno de los dos perros se había hecho pis de la emoción.

Con todo y con ello, se acercó a ella para rescatarla...

Y ese, fue el momento en el que toda su vida se desmoronó para siempre; aunque él aún no lo sabía.

Continuará.

jueves, 3 de enero de 2013

Oh cielos...

Vaya, había olvidado que esto sigue existiendo! Según las estadísticas de Blogger sigue habiendo gente que entra aquí a leer, pero yo me pregunto si eso será realmente cierto. Por favor, si alguien pasa por aquí que deje constancia de ello diciendo un Hola, o un Algo.

Esto lo escribo el día tres de Enero de 2012 a las 00:45. Doce días después del fin del mundo la cosa sigue más o menos igual.

¿Hola?

miércoles, 20 de mayo de 2009

El fin de las princesas.

Sigues esperando que un beso te despierte, bella durmiente; pero hace mucho tiempo que tu vida dejó de ser un cuento. No quieres separarte de tu flor aunque sabes que te está matando, aquella flor que ese príncipe que presumía de ser azul cortó para ti después de sacarla de una bolsita, con su DNI sobre un trozo de espejo en el baño de aquel antro apestoso. Ahora esa flor inunda tus pulmones y hace sangrar tu nariz todas las noches mientras lloras en la habitación de tu castillo.

Dejaste de volar Campanilla cuando tu Peter cumplió los 25 y se fue con esa Wendy con minifalda de cuero, uñas rojo pasión y larga boquilla para fumar tabaco. Ella le hacía un precio mejor que el tuyo y tu mágico polvo de hadas no podía competir con su ardiente sexo alemán. Desde entonces tus alas se encharcan cada noche con vasos repletos de garrafón que quema tu garganta casi tanto como el amargo sudor que destilan tus rudos acompañantes ocasionales.

Alicia, a tu conejo blanco se le perdió el reloj y tú te calaste entera en esa parada de autobús con los cristales rotos. Tras dos horas de espera el país de las Maravillas que te prometió con su aliento de ginebra barata, mientras intentaba meterte mano en el café de la estación, ya no te pareció tan tentador, así que decidiste volver a tu sucia habitación a seguir consumiendo las pequeñas botellitas que te hacían crecer y crecer para luego hacerte tan pequeña que casi dejabas de existir. Heroína llamaba a las botellitas el conejo tardón antes de hablarte de clínicas en las que podrías ser feliz sin ella, que al principio te costaría, pero que después la vida te sonreiría. Fantasías imposibles al fin y al cabo.



Blancanieves, tras tantos años de buenos momentos dejaste a un lado a Gruñón, Tímido, Perezoso, Mocoso, Mudito, Feliz y Dormilón para irte con Lujuria, Pereza, Gula, Avaricia, Ira, Soberbia y Envidia. El oscuro mundo de los pecados te atraía más que el ñoño universo de la felicidad inocente, y el reino de la nochey la velocidad era más diverido que la pegajosa luz del sol y los paseos por la pradera. Por eso terminaste montada en aquel coche, vestida como una furcia con unos pendientes de oro más grandes que tus pulseras sujetándole la palanca de cambios a un chuloputas sudamericano mientras se picaba con otro cascajo tuneado que hacía aún más ruido que el suyo y quemando tu vida entre la gasolina y el éxtasis.



Y así acaban las princesas, con los vestidos hechos harapos y los pulmones suplicando un poco de tranquilidad.





Vargas.

miércoles, 29 de abril de 2009

Cuando las cosas se acaban...

Mientras termino de escribir este texto ella no me mira desde la cama esperando que vaya a su lado para abrazarla hasta que se quede dormida. Ni me sonríe cálidamente cuando, entre frase y frase me paro un momento a pensar en cómo seguiré mi discurso y no puedo evitar la tentación de mirarla. Tampoco noto su mirada clavada en mi cuello estudiando mis movimientos enfrascada en sus pensamientos.


Mientras tremino esta frase no la oigo remolonear en la cama diciéndome: "Jooo, ven yaaaa, quiero que estés a mi ladoo" No sonrío y no la digo "Un minuto, cariño, acabo esto y voy contigo"

No noto un escalofrío recorrer todo mi cuerpo cuando siento cómo se levanta de la cama y se acerca a mí, me abraza por la espalda y me susurra al oido que me echa de menos. Ni siquiera la escucho refunfuñar graciosamente volviendo a la cama y llamándome tardón, y señorito importante, y escritor de pacotilla, ni la veo guiñarme un ojo y sacarme la lengua cuando me doy la vuelta para decirla que no me insulte.


Mientras escribo estas lineas no escucho como su respiración se acompasa y se suaviza cada vez más hasta ser casi un murmullo rítmico inuadible al quedarse dormida encima de mi cama.


Cuando termine de escribir este texto no me levantaré silenciosamente, apagaré el ordenador y la arroparé con una manta. Cuando el punto final de esta entrada aparezca en esta pantalla tras ser pulsada la correspondiente tecla de mi teclado no pensaré en lo incómodo que estaré tumbado a su lado porque ha ocupado casi toda la cama. Tampoco pensaré en lo feliz que me hace la persona que está dormida a mi lado.



Cuando termine esta frase no tendré a nadie a quien susurrarle un sincero "Te quiero" al oido.

lunes, 23 de febrero de 2009

Carta a un sueño.

Hola.

Me ha costado mucho empezar a escribir esta carta. Era algo que tenía pensado hacer desde hace tiempo, pero nunca me he atrevido a llevar mi idea a cabo, quizás por vergüenza, quizás por temor a tu reacción, quizás porque la inseguridad y el sentido común me gritan que no lo haga, pues tras enviarte estas lineas habré quedado al descubierto, vulnerable.

Y es que es tanto lo que te tengo que decir que ni siquiera sé cómo ordenar las ideas que danzan de manera caótica por mi mente antes de pensar en cómo plasmarlas en este trozo de papel.

Empezaré contándote por qué me ha costado tanto escribirte y por qué al final me he decidido a hacerlo. Resulta que siempre que te veo estás revoloteando graciosamente como un ave celestial, perfumando con tu fragancia toda la mierda que tienes alrededor y brillando como la más espectacular estrella fugaz que uno pueda imaginar. Así que desde un principio descarté el acercamiento frontal, no tengo suficiente valor como para acercarme a una maravilla de la naturaleza como tú para inoportunarte con mis torpes e incoherentes palabras. De ese pensamiento surgió la idea de escribirte, pero esta idea (como todas las buenas ideas del mundo) trajo consigo un temor, quizás te fueses a reír de mí después de leer mis palabras, y eso me resultaría bastante cruel, pues lo único que habría conseguido sincerándome sería convertirme en tu objeto (y el de tus amigas, y el de tus amigos) de burla.

Esa idea me ha echado para atrás durante un tiempo considerable, hasta hoy. Y pensarás, ¿qué es lo que le ha hecho cambiar de opinión? Muy sencillo. Normalmente mis sueños son caóticas escenas abstractas y surrealista, pero hoy ha sido distinto, esta noche soñé que te conocía, que hablábamos como amigos, que confiabas en mí para contarme tus problemas... Y que me querías. Eso es lo que me ha animado a escribirte hoy; el perseguir mi sueño hasta convertirlo en realidad, y, si no es posible, al menos tener la conciencia tranquila por haberlo intentado.


Este es el punto crucial de la carta. La expresión que tengas en la cara mientras lees esta frase marca un punto de inflexión en la consecución del objetivo de esta carta. Si tu cara ahora mismo sigue reflejando la curiosidad que demostraba mientras leías el primer "Hola" la cosa podría llegar a funcionar, si lo que demuestra es un escepticismo rayano en la desconfianza puedes hacer dos cosas, seguir leyendo y confiar en mí, o dejar ahora mismo de leer y pensar que alguien te ha intentado gastar una broma pesada y le ha salido el tiro por la culata. Hay una tercera opción, y es que sea la indiferencia el único sentimiento que hay en tu corazón en este momento; en ese caso, por favor coge este papel ahora mismo y quémalo, destrúyelo sin dejar rastro y nunca jamás vuelvas a acordarte de él, así me ahorro la flagelación de ver cómo le enseñas la carta a tus amigas para reírte de mí.


¿Sigues leyéndome? Bien, entonces eso quiere decir que hay al menos una pizca de curiosidad en tu interior por saber lo que quiero decirte.

Y lo que quiero decirte es muy sencillo: Me he enamorado de la persona que mi mente cree que eres. Sólo conozco la imagen que das a las personas que te rodean, y eso ha bastado para que mi corazón no quiera latir si no es al compás del tuyo. Eso me hace sentirme más inseguro de lo que me he sentido en mi vida, porque estoy jugando todo mi dinero a una carta que ni siquiera sé si está en la baraja. Las pocas veces que me he enamorado de una persona de esta manera conocía perfectamente su forma de ser, su interior, sus problemas, sus comeduras de cabeza, lo que la hacía feliz...

Y es que siempre he pensado que el amor de verdad surge con el tiempo, con el roce y con los problemas superados. Pero tú destrozaste sin compasión esa forma de pensar en cuanto apareciste por primera vez en mi vida, con tu risa de sirena y tu voz angelical, indiferente a las palabras dañinas de los demás y siempre dispuesta a escuchar las opiniones de la gente. No quiero creer en el amor a primera vista, ni a segunda, ni a tercera, pero me estás obligando a hacerlo, y eso descoloca todos los esquemas que duramente he construido en mi cerebro.



Hay una posibilidad de que lleguemos a conocernos bien, que me muestres tu interior, ese interior que me muero por conocer y comparar con el que se imagina mi mente, y que me decepcione. Esa decepción sería de tal tamaño que no sé cuánto tardaría mi corazón en digerirla y aceptarla como pasada. Te quiero, pero ni siquiera sé si existes. Quizás sólo quiera a una ilusión, a un fantasma creado por mi conciencia utilizando tu imagen y la personalidad de la que me gustaría enamorarme. Quizás sólo esté enamorado de un producto de ficción.



Es por eso por lo que no voy a firmar esta carta.




Anónimo.



P.D. Quizás algún día el relente de nuestros sueños nos haga, despiertos, encontrarnos en algún lugar en el que nuestros corazones puedan latir al unísono, sin ninguna interferencia que les distraiga. Hasta entonces, tendré que conformarme con mirarte desde la penumbra mientras mis pulmones anhelan el sabor de tu perfume.

martes, 9 de diciembre de 2008

Tiempo.

Los segundos que escupe la aguja del reloj se pegan a mi piel impregnada en sudor y me funden con la eterna corriente del tiempo, enseñándome las grandes maravillas del mundo reducidas a polvo y cenizas. Cada sesenta pulsaciones la aguja del minutero lanza un dardo a mi maltrecho corazón y me recuerda que mi vida sigue corriendo, igual que la de tantos que, antes que yo, disfrutaron de los traviesos vaivenes que el Tiempo nos asigna para divertirse observando nuestros intentos por aprovechar al máximo nuestra corta existencia.

Pensando y escribiendo contemplo como las agujas siguen, impasibles, su recorrido sobre la circunferencia dividida en doce periodos que se atreve a imitar de manera tosca y vulgar el armonioso fluir del Tiempo para que nosotros, simples humanos, contemplemos ensimismados la inmensa complejidad de algo tan incomprendible como incontrolable.

Horrorizado observo como la aguja del minutero se estira para apuntar al cielo mientras la de las horas descarga un golpe mortal sobre el número 3, matando así, en silencio, al último segundo de la segunda hora del día. Ese golpe se me clava en el alma como una furiosa estocada, me corta la respiración y me hace doblarme de dolor al comprender que jamás volveré a recuperar esos 59 minutos de mi vida.

Abatido, desesperado y malhumorado miro de reojo el cubo de la basura e imagino todas las horas desperdiciadas de mi vida dentro de esa bolsa impermeable de plástico. Casi puedo sentir cómo se escurrieron de mi piel para alejarse eternamente de mí, ofendidas por el mal uso que hice de ellas tratándolas como simples pasatiempos en lugar de darles el trato de Altezas Imperiales que merecen.

Pues el Tiempo puede jugar con nosotros, pero nosotros no podemos jugar con el Tiempo; sólo podemos desperdiciarlo, darle la espalda y suplicar que sea benevolente con nosotros.

Vargas.

martes, 28 de octubre de 2008

Llueve sobre mojado.

Las gotas que golpean mi ventana repiquetean en mi cerebro como agudas dagas de cristal. Fuera está lloviendo. Dentro, también.


Las gotas que caen en mi interior no se pueden observar desde fuera, así que lo que es una colosal tormenta desde el exterior parece la agradable calma habitual en mí. Pero no es así, cada uno de los millones de oscuros pensamientos que recorren mi mente se transforma en una pequeñísima gota de un fluido muy parecido al agua que se clava con fuerza en mi alma.

No puedo posicionarme respecto a los días de lluvia, puesto que los odio y me encantan al mismo tiempo. Cuando llueve y el cielo está oscuro y triste siento exteriorizado mi mundo interior; demasiado exteriorizado. Cuando llueve me siento vulnerable, comprendo que cualquiera que mire a través de su ventana puede observar una réplica casi perfecta de lo que vería si observase, a través de mi mirada, mi interior.


Y eso me da miedo, me da miedo la lluvia que me ahoga por dentro y me hace encerrarme en el más hondo rincón de mi corazón, donde es imposible que llueva, porque es un lugar que tengo reservado sólo para mí y en el que jamás ha entrado nadie. Un pequeño rincón aislado del resto de mis emociones y sentimientos, un habitáculo vacío e inerte en el que no tienen cabida el dolor, el amor, el odio ni la esperanza. Ese lugar en el que me convierto en un recipiente vacío que no siente ni padece se transforma en mi hogar cuando la lluvia s ehace demasiado intensa.


Desde ese lugar escribo estas lineas, escuchando el repiquetear de las gotas de lluvia en el exterior mientras me pregunto si algún día seré capaz de salir de aquí y ver el tan anhelado cielo despejado con el que sueña la parte más demente de mi alma.



Vargas.

martes, 5 de agosto de 2008

NI DIOS NI AMO (I)

DIOS NO HA MUERTO, PERO DEBERÍAMOS MATARLO

La religión, entre otras muchas cosas que no vamos a tratar hoy, es una cuestión de fe y como tal es perfectamente comprensible sentirse amenazado y atacado a nivel personal al ver peligrar esas creencias injustificadas, indemostrables y grabadas a fuego en nuestra mente hasta el punto de modificar nuestro comportamiento, nuestra forma de vivir y pensar, nuestra historia, nuestra economía.. nuestro mundo. Pero esto no es un ataque personal, tan sólo es una exposición objetiva de datos y únicamente pretende ser eso, no quiero cambiar tu forma de ver la vida, sólo hacerte pensar. Cuando tengas la información eres libre de usarla como quieras, eres libre de pensar lo que quieras (si esta afirmación es plausible) e incluso eres libre de dejar de leer ahora mismo, tú decides.

Comencemos

La gran triunfadora, los cristianos católicos apostólicos. Veamos un poco de su historia, pasando por alto lo que todos conocemos ya, cruzadas, corrupción, actos contradictorios.. fijémonos en sus orígenes. Jesús era judío así como los primeros cristianos, cosa evidente, y, ¿con qué gran civilización tuvieron los judíos un contacto íntimo y prolongado? Con los egipcios. Veámos qué narra el mito de Horus, puede que muchas cosas os suenen pero si no sois muy duchos en cuestiones de fe (cosa que celebro) estas "coincidencias" podrán distinguirse por estar en negrita.

Horus es un dios-viviente celeste, nacido por concepción mística, leáse, asexuada, de su madre Isis, la reina virgen de los cielos tras la muerte y desmebramiento de su padre Osiris, formando la tríada de dioses más importante de Egipto, hablamos del 3000 a.C. aproximadamente. Su nacimeinto se celebraba en torno al 21 de diciembre (otros dicen que el mismo 25) y fue anunciado por una estrella y supervisado por tres sabios, o tres astros. Herut quería matarlo por lo que su madre lo mantuvo escondido. Cuando cumplió los 12 años ya era un maestro y un erudito, aunque no se vuelve a saber nada de él hasta cumplidos los 30, cuando comienza su ministerio. Le acompañaban 12 discípulos realizando milagros tales como curar enfermos, andar sobre las aguas e incluso resucitar a su padre Osiris. Se le conocía como la luz, la verdad, el único hijo de Osiris, el elevado y el rey de los cielos, entre otros. Tras ser traicionado por Typhon murió crucificado, enterrado por tres días hasta que resucitó y se elevó en los cielos.

Como poco resulta curioso, pero hay más. Si nos fijamos en los mitos de Attis (Grecia 1200 a.C.), Krishna (India 900 a.C.) o ,especialmente, en Mithra (Persia 1200 a.C.) vemos que todos tienen más o menos el mismo esquema: hijo de Dios nacido de forma asexuada de virgen, que viaja con discipulos realizando milagros y que tras su muerte resucita, excepto Krisha, al tercer día. Hay más ejemplos en casi todas las culturas, pero éstos me parecen suficientes, así como que el mito de Horus mantiene más paralelismos con la "vida" de Jesús, no es menester extenderse demasiado, así que os animo a profundizar en el tema si vuestras inquietudes así os lo demandan.

¿Qué tal vamos? ¿Asombrados? Ahora viene lo mejor, una explicación lógica.
¿Por qué este esquema? Muy sencillo, la respuesta está en los cielos:

El Sol, el astro más adorado a lo largo de la historia de la humanidad como dador de vida, el que trae la luz sobre las sombras, el que hace crecer las cosechas.. No es de extrañar que sea el objeto celeste más estudiado desde tiempos inmemoriales, así como las estrellas y planetas, que nos anuncian, en su viaje celestial, las estaciones y nos ayudan a orientarnos.

El lucero de la tarde, la más brillante estrella de la noche, es la anunciadora del nacimiento de estos dioses-Sol, por el 24 de diciembre se alinea con las estrellas del cinturón de Orión, antes conocidas como "los tres sabios" señalando el punto por donde sale el Sol en el horizonte el 25 de diciembre, fiesta pagana del solsticio de invierno celebrada desde siempre. Desde el verano, el Sol va cayendo lentamente por el horizonte, su recorrido es cada vez más bajo, es.. la muerte del Sol. Los días 22,23 y 24 el Sol permance en su punto más bajo, quedando prácticamente quieto cerca de la constelación de la "cruz del sur". A partir del 25 el Sol comienza a elevarse en el cielo de nuevo cada vez más alto, trayendo días más largos y anunciando la llegada de la primavera, el renacer. Pero cuando se celebra su triunfo sobre la muerte es, curiosamente, en Pascuas, en el equinoccio, cuando los días se hacen más largos que las noches, triunfando la luz sobre la sombra y entrando oficialmente la primavera. El asunto de los doce discípulos es algo más obvio y fácil de explicar. Viendo un calendario lo entendemos. Cada mes tiene asociado un signo zodiacal representado por alguna simbología y mito, siendo en realidad constelaciones conocidas desde tiempos antediluvianos. Pensando que estas constelaciones viajan por el cielo en torno al Sol, la relación es tan clara que no hace falta extenderse más. Para no profundizar más ni tener que hablar de las "eras" (buscad la era de piscis y los paralelismos con el Jesús pescador y la multiplicación de panes y peces), haced un experimento muy sencillo. Coged lápiz y papel y decidle a un niño que dibuje un Sol, los haces de luz ¿no os recuerdan a algo?, ¿una corona de espinas quizá? ¿las representaciones típicas del Jesucristo primitivo, con ese disco solar en la cabeza, igual que Horus?

Repito que no intento convencer a nadie de nada, sólo es un vago intento de hacer pensar que que yo, una persona normal, ni mejor ni peor que nadie, sepa a ciencia cierta quién creó el universo y al hombre, cómo lo hizo, que conozca la vida de su hijo-dios perfectamente cuando lo único que tengo para demostrarlo es un libro alegórico que comparte tantas características con otros mitos mucho más antiguos, además hay que tener en cuenta que carezco de un registro oficial de su vida terrenal, cosa curiosa siendo como era, un personaje tan famoso; que sepa exacatamente lo que quiere de mí (además de saber lo que quieren las organizaciones religiosas, mi dinero) y que sepa como salvar mi alma.. no sé, personalmente me parece un poco pretencioso y absurdo cuando aun no conozco por completo el planeta en el que vivo.

Creamos o no en dioses y sus iglesias, hay que admitir que muchos de sus ideales son preciosos, tan bonitos como irrealizables, "libertad, igualdad y fraternidad", no es algo que se les ocurriera a los franceses, el amor al prójimo, la caridad.. Aparte de las ya conocidas miserias que ha provocado la religión, también nos ha traido a esas personas, en mi opinión egoístas, que lo "dan todo por los demás" para asegurarse su propia salvación. Y lo más importante de todo, nos da refugio, nos hace pensar que hay "algo" superior y óptimo que nos dará una vida eterna llena de felicidad, llena nuestra vida de esperanza, nos hace pensar que no estamos solos, que hay "algo" que nos escucha y nos ama incondicionalmente.. y eso es muy bonito. El problema está en llevarlo todo a la práctica, pues esto lo hacen hombres tan corrientes como tú y como yo; y en que esa creencia infundada domine tu vida.

Personalmente prefiero aceptar lo que tengo, sea mucho o poco, que es lo que me he ganado o merecido, y es lo que poseo ahora. Pensar en un futuro mejor, por supuesto, pero veo innecesario que ese "paraíso" sea ultraterreno y posterior a mi muerte, opino que sería mejor disfrutarlo en vida y hacer que la gente que me rodea lo comparta. Sería un paraíso imperfecto, claro, como yo mismo, pero sería real. En cuanto a ese gran misterio de la vida, en gran parte responsable de las religiones de.. ¿que hay después de la muerte? Mejor usar mi tiempo en desvelar otros enigmas más asequibles tales como: ¿la vecina guiri me sonríe porque le gusto o sólo es símpatica? ¿qué le pasa a tal persona, y qué puedo hacer para ayudarle? ¿qué necesito para ser feliz? ¿un camión? Ya que de lo único que estoy seguro en mi vida es de mi muerte y tengo una pregunta más importante con una posibilidad real de conocer, ¿quién soy?

Un saludo

Seve

jueves, 24 de julio de 2008

Delirios en cuarto menguante...

- ¡Atrasad el lanzamiento! ¡¡Los pilotos están borrachos!! ¡Bajen del cohete!

-Sí señorita...

-Es imposible, los reactores han empezado a funcionar, la inyección de combustible ha comenzado...

-Hablando de inyecciones, capitán, deje de meterse jaco...

-Es que es taaaan dulce...

-¿¡¡ES QUE NADIE VA A PENSAR EN LOS NIÑOS!!?

- ¡Yo sí pienso en los niños!

-Coronel, ¡deje de masturbarse!

-No puedo, ¡¡¡es tan excitante!!!! Todo ese olor a materia descompuesta, la risa de los niños, las lagartijas correteando alrededor del viejo molino del cerro... Mas... ¿qué ven mis ojos? Oh por favor William, deje de lamerme el pene...

-Pero yo no est... agh glup um aghgh gggggg ummmmmmmmm

-Oh sí, William, acaba de ganarse un ascenso, ahora es pelador de nabos en vez de de patatas. Muajajajaja.

-Que chiste tan bueno señor, ¿me deja arrebañar los restos de limonada?

-NOoooooOoo... Mi sueño siempre fue tener una casita en el monte, con la nieve, los bu-hos... Para poder comer grandes nardos junto a una chimenea encendida con leña que saldría a buscar todas las mañanas antes de que usted se despertara mi capitán...

-Uhmm, leña, buhos y sudor varonil en la misma habitación... Pero vayamos al tema principal: Los pilotos del enterprise están sodomizando a la nave nodriza.

-Si logran llegar a la sala de analítica, podrán hacerse con el control del condensador de flujo, y así penetrar en todos los anos de la nave...

-Buena idea, soldado. Megafonía, arrásquenme las pelotas, Jeniffer vaya a ver a los pilotos y ofrézcales un poco de flujo criogenizado.

-¿De reserva o añejo, mi capitán?

-Un vasito de cada, nunca hay demasiado flujaaaaaaAAAAGGGHHHHH!!!

-¡¡¡OH NO CAPITÁN, HAN ALCANZADO SU RECTO , ¡¡¡MALDITOS CABRONES!!!, ¡¡¡ LANZAD LAS BOMBAS DE ORÍN DE SEPIA CON LÍQUIDO AMNIÓTICO DE SIAMESES PEGADOS POR EL PUBIS!!!

-Subcoronel, Esto no son simples fulanas de tres al cuarto a las que pegan sus maridos, ¡nos atacan las ladillas gigantes del extrarradio de Júpiter! ¡Hemos de incinerar a las sepias antes de lanzar su orín, y los siameses dicen que o les dan Whisky del bueno o no vomitan el líquido amniótico! ¡Se han cansado de garrafón!

-Mierda Roy-Keane estamos en problemas... ¡¡lo tengo!! vomitaos y defecaos unos a otros, si conseguimos camuflar nuestro olor quizás podamos pasar entre las ladillas gigantes... ¡Jennifer usted no!, encarguese de sacar todo el semen posible a nuestro soldados y almacenelo en su estómago... Quizás nos haga falta mas adelante...

- ¡Sí mi capitán! Voy a empezar por el soldado Ryan...

-No, mejor empiece por Bolita, seguro que en 200 kilos de hombre hay más semén que en el resto de la tripulación.

- Pero capitán, Bolita no tiene padres...

-¡¡¡Mi Capitán, las ladillas estan avanzando!!!, ya estamos llenos de picores intraestomacales...

-Oh, maldita sea, transcodificad la información de nuestro cerebro artificial, no pueden saber que la fuente de nuestro conocimiento son las palomitas de colores y el papel albal.

-Creo que eso ya lo saben, mi capitán, cuando han bajado de su nave se han puesto a restregarse contra las farolas mientras cantaban el himno americano a la vez que se daban cabezazos unos a otros.

-¿¿Cómo han podido saber cuál era la manera de desactivar nuestras defensas??

-Creo que tenemos un topo...

-Sí, es mío, se llama Fujimori.

Escrito originalmente aquí:
http://www.fotolog.com/vargas_999/19937228

martes, 1 de julio de 2008

Operación Bikini.

Llega el veranito, el calor, el agobio, el solete, los días en la playa, en la piscina, en el bar de debajo de tu casa, en la montaña, en el bar de debajo de tu casa, en casa de la familia, en el bar de debajo de tu casa, en algún destino exótico internacional o en el bar de debajo de tu casa.

Pero no todo es alegría en la estación estival, el calor abrasante, el aire seco, las noches pegado con sudor a la sábana, la factura de la luz tras tener el aire acondicionado a tope tres meses; aunque parezca increíble el verano tiene cosas malas: hay que sufrir para conseguir un cuerpecito decente que exhibir en la playa; además de lo mal que se pasa el día en la playa viendo a personas paseándose delante tuyo sin apenas ropa; pero eso es otro tema.

Hoy me centraré en la "Operación Bikini" pues he encontrado una dieta milagrosa, maravillosa, espeluznante, increíble, resultona, infalible, vamos, cojonuda. Déjese usted buen hombre, o buena mujer, de intentar bajar esas lorzas incipientes con insano ejercicio físico o entregándose a las manos de un nutricionista que le tendrá un mes comiendo alcachofas.

Yo tengo la mejor dieta del mundo, pierda 4 Kilos en sólo una tarde, líbrese de esos kilitos de más en una semana (4x7=36 kilos, que sé que os cuesta pensar a estas alturas del año) y olvídese de su barriga cervecera durante tres meses. Y no piense amigo, o amiga, que es un imposible, en este blog no se ofrece publicidad engañosa, todo lo aquí escrito pasa por la implacable revisión de un grupo de chimpancés albinos que no dejan pasar ni un ápice de falsedad por las puertas de internhez; así que prepárese para llevar a cabo la mejor dieta del mundo para librarse de sus kilitos de más, dieta a la que he querido poner un nombre con gancho, que atraiga gente de todas las nacionalidades y etnias: La dieta de la Hormigonera.

Para llevarla a cabo necesita de los siguientes materiales:

- Una hormigonera eléctrica: ¿O acaso creías que ibas a tener que trabajar manualmente? Nada más lejos, son todo comodidades.

- Un metro cúbico de arena: Con lo que se consigue llenar unas 8 hormigoneras.

- 50 sacos de grava: Para conseguir un hormigón consistente.

- 10 sacos de cemento de 25 kilos: No hay hormigón sin cemento.

- Agua: Para la hormigonera, la de beber habrá que obtenerla en botellas.

Una vez conseguido esto pasamos a la parte más complicada de la dieta, conseguir un solar que rellenar de hormigón; seguro que alguno de sus vecinos tiene un solar vacío para dejarle si le promete que le dejará el suelo liso en una semana completamente gratis.

Cuando tengamos el solar hemos de conseguir chapas de aluminio de las que se utilizan en los tejados de los cobertizos. hemos de forrar el terreno de chapa, sin utilizar ningún tipo de aislante térmico, sólo la chapa a pelo, para que le dé bien el sol. El sol es un elemento fundamental en esta dieta, sin él no se garantizan efectos inmediatos. Una vez forrado el solar metemos dentro la hormigonera y dejamos actuar al clima hasta aproximadamente las 2 de la tarde.

A esa hora el astro rey ya habrá conseguido caldear el ambiente del improvisado chozo haciéndolo alcanzar una temperatura óptima para nuestra tarea, unos 60 grados en el centro del solar y aproximadamente 80 a diez centímetros de la chapa recalentada.

El trabajo es facilísimo, sólo tenemos que rellenar la hormigonera, cuando esté preparada la pasta extenderla por el suelo con una pala y una llana y volver a empezar hasta que el suelo tenga una capa de hormigón de diez centímetros. Se recomienda realizar la tarea entre las 2 y las 6 de la tarde, puesto que después de esa hora el sol no pega con tanta mala hostia, beneficiosa para nuestro objetivo.

El sudor que desprenderá su piel le librará de los tan odiados kilos de más, el trabajo de rellenar y vaciar la hormigonera contorneará sus músculos así como el de extender el hormigón por el suelo.

¡Siéntase como un pollo metido en el horno y pruebe nuestra dieta ya!


Resultados comprobados por nuestros expertos (yo)



Vargas.

viernes, 23 de mayo de 2008

Testimonio.

Hoy ha tenido lugar en mi vida un suceso que me ha hecho reflexionar sobre la ilimitada estupidez humana. Yo, como buen miembro digno de mi especie, tengo de vez en cuando algunas ideas comúnmente conocidas como "de bombero" de esas que te hacen darte cuenta de lo gilipollas que puedes llegar a ser cuando se te cruzan los cables y hacen mal contacto. Mi historia es la siguiente:

Hoy, como cualquier otro día de diario me levanté para ir a clase, y llevé a cabo el mal hábito que tengo de vestirme por la mañana antes de salir a la calle. Bien, mi primer pensamiento al abrir el armario fue:

"Ayer hizo calor"

Error gravísimo e imperdonable número uno. El clima tiene unas fluctuaciones aleatorias no determinables a largo plazo que cualquier humano mentalmente sano conoce; es decir, que algunos días llueve y otros no. Pues bien, yo no tuve en cuenta ese dato tan superfluo e irrelevante, así que me puse unos pantalones piratas monísimos y una camisetilla de manga corta de las finitas, para no asarme con el sol de Mayo.

Este error, pensaréis ustedes, agudos lectores, podría ser fácilmente subsanado con el simple y racional acto de mirar por la ventana para ver cómo está el día, y en caso de dudas abriendo dicha ventana y sacando la manita al exterior para comprobar la temperatura aproximada del exterior y evitar toparse de cara con las posibles inclemencias climáticas de la primavera. Pero estamos hablando de estupidez no de racionalidad.



He aquí un sujeto estúpido. Hoy me he
sentido como él en un par de ocasiones.




Pues bien, volviendo a ponernos en situación, yo me calcé mis piratas (monísimos, por cierto) y mi camisetilla y salí de la habitación dispuesto a comerme el mundo y a asombrar a todos los seres humanos con mi sobrenatural presencia, después de desayunar, por supuesto. Una vez en la comida, disfrutando de mis galletas Príncipe de rigor mi madre me interceptó y me dirigió estas sabias palabras:

"Muy fresco vas tú. Hoy está nublado, va a llover"

Por supuesto, un ente superior como yo ignoró este consejo de segunda clase sin ningún rigor científico que lo respaldase; lo que nos lleva al error gravísimo e imperdonable número dos: Hazle siempre caso a tu madre, ella sabe más que tú, ella ha vivido más tiempo que tú y ella tiene por costumbre ver el parte meteorológico diariamente. Pero claro, subido en mi nube de superioridad rechacé esta demostración de vaga palabrería y salí a la calle más chulo que un ocho.

Al principio todo iba bien, como en las películas americanas, el cielo estaba nublado pero hacía calorcito lo que yo vi como una señal positiva del destino, había acertado con mi atuendo y además el sol no me iba a cegar durante la mañana. Todo son ventajas cuando te levantas con buen pie.

Peeeeeero, igual igual que en las pelis americanas la cosa se torció en el punto del camino en el que me resultaba imposible volver a casa a enmendar mi error. Este curioso fenómeno se repite en mi vida continuamente y es digno de estudio, siempre me doy cuenta de que la he cagado cuando ya no puedo volver atrás y rectificar. No sé si le pasará al resto de los humanos, pero si a alguien le ha pasado entenderá mi frustración ante mi propia estupidez.

Siguiendo con el hilo argumental sobra decir que empezó a llover, como bien había profetizado mi madre unos minutos antes. Aceleré el paso hasta llegar al instituto y una vez dentro hice un balance de daños y de pérdidas que resumiré así:

-Pérdidas humanas: 0
-Pérdidas materiales: 0
-Daños materiales: Camiseta y pantalones (que no sé si he dicho ya que son monísimos) considerablemente mojados.

Tras ese balance llegué a la conclusión de que no había sido para tanto la aventura, puesto que a lo largo de la mañana el sol surcaría el cielo calentando el ambiente y evitando que lloviese demasiado. Es decir, más calorcito y menos mojarse. Este pensamiento nos lleva de cabeza al error gravísimo e imperdonable número tres. El más importante de todos, que pondré en negrita:

Cuando ya la has cagado, nunca, nunca, nunca jamás las cosas van a mejorar; siempre irán a peor.

Este es un axioma irrefutable e infalsable de la existencia humana, es una variación de la ley de Murphy que decía que cuando las cosas pueden salir mal sin ninguna duda saldrán mal; en este caso cuando las cosas ya han empezado a ir mal sólo pueden ir a peor.
Este es el paisaje que yo me esperaba al salir de clase.



Y como no, esta ley no falla. Salí del instituto esperando encontrarme un clima apacible y tranquilo con el que me deslizaría armónicamente con el piar de los pajaritos que habrían salido después de la lluvia a cantarle al arco iris camino a mi casa. Pero cuán enorme fue mi desengaño al ver que me equivocaba por completo. La lluvia, ajena a mis intereses caía con una fuerza sobrenatural, con rabia, con contundencia, con pasión, vamos con mala hostia.

Automáticamente repasé en mi mente el plano de mi ciudad en tres dimensiones calculando cuál sería el camino más corto hacia mi vivienda. Esfuerzo que fue inútil, pues me empapé de pies a cabeza durante el trayecto. Si me hubieran metido en una piscina con ropa para regarme con una manguera de bomberos al salir el resultado hubiera sido idéntico. He llegado a casa (esto ha sido hace escasa media hora) chorreando como un perro tras una tormenta y pensando en lo idiota que puedo llegar a ser cuando me acabo de levantar, cultivando probablemente un catarrazo del copón.


Así que este espeluznante testimonio me ha servido para reflexionar en la estupidez absoluta del ser humano en general. Desde aquí os aconsejo sinceramente que penséis, coño, no hagáis como yo.

He dicho.

Vargas.