lunes, 9 de julio de 2007

Explicación irracional.

¿Por qué entre las entradas de este blog hay un período de tiempo tan amplio? ¿Por qué no escribo más a menudo?

Porque vuelo. Porque me pierdo entre cada una de tus pestañas hasta que parpadeas y echo a volar, deseando que, la próxima vez que inhales, el aire que absorbas me vuelva a llevar a tus curvadas pestañas.
Porque no puedo pensar en escribir si tengo tu imagen grabada a fuego en el cerebro las 24 horas al día.
Porque la inspiración sólo viene a mi cuando tú estás conmigo, y en esos momentos no pienso en ponerme a escribir; sólo pienso en la belleza que está delante de mis ojos sonriéndome, esa belleza que podría estar contemplando durante años sin necesitar nada más; sólo necesitaría que las funciones vitales básicas siguieran funcionando correctamente, dado que su mirada me alimentaría y me daría de beber.
Porque tú eres mi musa, mi diva, mi vida, mi sol mi luna, la estrella más brillante del cielo que ha bajado a la tierra sólo para abrazarme. Porque no puedo dejar de pensar en tu pelo, color castaño con reflejos pelirrojos, que se convierte en un llameante abanico cuando el sol y el viento se ponen de acuerdo para agitarlo. Porque el tacto de tus manos es el único que siente mi piel, y todo lo demás es áspero y tosco. Porque la locura me invade, desplazando todo el mundo terrenal a un recóndito rincón del universo, haciéndome flotar en un inmenso espacio misterioso lleno de colores difusos y olor a primavera cada vez que tus labios se unen a los míos, manteniéndome así hasta el terrible momento en el que nos separamos (aunque sólo sea durante décimas de segundo). Porque cuando no estás a mi lado mi interior, el mundo, el universo y todo el cosmos se encogen hasta formar una masa que se aloja en mi corazón oprimiéndolo fuertemente sin dejarme respirar, ni pensar, ni comer, ni beber, ni escribir, ni cantar, ni llorar, ni soñar, ni vivir, ni morir. Porque odio todas y cada uno de las noches en las que no sueño contigo. Porque la palabra tristeza fue desterrada de mi vocabulario en el mismo instante en el que tú entraste en mi vida.
Porque si tú me dejaras mi alma decidiría que el mundo no merece la pena y se iría a llorar a un lugar en el que jamás la pudiera encontrar nadie, déjandome a mi siendo poco más que un esqueleto que se desmorona minuto a minuto, vivo por fuera pero muerto por dentro.
Porque TE AMO.

Hasta aquí la explicación de el retardo entre entrada y entrada en este blog, confío en que haya quedado claro y que comprendáis que mi tiempo está lleno de ella, mi vida está llena de ella y sólo puedo escribir en los pocos momentos en los que no estoy con ella para que el tiempo vaya lo más rápido posible.

martes, 26 de junio de 2007

Monotonía y rutina.

Esta entrada tiene ya algún tiempo, y hasta la fecha estaba colgada exclusivamente en mi espacio de msn, hoy la estuve leyendo y, tras hacer algunos cambios, he creido conveniente ponerla aquí, ya que últimamente la inspiración no me sobra. Espero que os guste.


Una de las cosas que odio es la rutina, el despertarte un día y que sea igual que el anterior, mirarte al espejo conocer de antemano lo que vas a ver: una aplastante monotonía en todos y cada uno de los rincones de tu vida. Te levantas, te vistes, te lavas la cara, los dientes, desayunas, vas a trabajar, comes, coges el coche, llegas a casa, te pones el pijama, ves un rato la tele, te acuestas, te duermes. No hay nada más.
Esta situación que se repite periódicamente durante un día... otro... un mes... un año... diez... acaba por destruir el cerebro más resistente, por malhumorar al más optimista y por hacer que nadie tenga ganas de seguir viviendo en ese aplastante círculo cerrado que es su vida. Ven lo agobiante que es su situación, pero no saben cómo cambiarlo, están obligados a comportarse de una manera, tienen demasiadas responsabilidades como para dejarlas de lado y cambiar un poco el curso de su aburrida vida.
Hay situaciones que rompen esa monotonía. A veces son bruscos cambios en el transcurso del tiempo: se muere un familiar, te casas, se cae un edificio en tu barrio... Estas situaciones hacen que tu vida de un giro y cambie radicalmente.

Otras veces los cambios son mucho más sutiles y enormemente más placenteros, no hace falta que suceda una gran cosa para hacerte desear seguir viviendo. Son los pequeños detalles los que hacen que la monotonía se destruya sin dejar rastro: una mirada en el metro, una sonrisa regalada por la dependienta de una tienda, una caricia al rozarte con un extraño en la calle, ver como alguien te observa desde una ventana mientras se fuma un cigarro etc...

Esas pequeñas situaciones que estimulan tu cerebro, haciéndote ver las cosas desde una perspectiva diferente, (y que a menudo pasan desapercibidas) son las que te hacen comenzar el día con una sonrisa; consiguen que te den ganas de ir a trabajar para ver si, con suerte, alguien ve tu sonrisa y siente lo mismo que tú has sentido cuando alguna mirada o algún guiño te ha hecho dejar atrás la rutina.
Permanece atento a estos sucesos, no pierdas las ganas de sonreir y entierra la monotonía en un lugar donde nunca puedas volver a encontrarla.

Un saludo y un abrazo.

martes, 29 de mayo de 2007

Nostalgia.

Finales de Julio de 2006.

Después de un año esperando con ansía por fin llega el momento más esperado del verano. Me voy de vacaciones. El destino esta vez será un pueblo de Asturias al que ya he ido alguna vez y donde tengo algunas amistades.

Estas líneas son el principio de una historia digna de contar, aunque hoy no será el día en que la relate. Hoy sólo quería recordar algunos momentos y sentimientos memorables de aquellas vacaciones, inolvidables, y dar las gracias a todas las personas que hicieron posible que jamás olvide ese verano. Lo escribo aquí porque estoy casi seguro de que todo el que lea este texto habrá tenido unas vacaciones comparables a las que yo describo aquí y mi única intención es que su cerebrito se ponga a recordar y le invada la nostalgia igual que me ha invadido a mi recientemente.

Recuerdo...

Llegar y sentirme extraño el primer día, sentir que sobro y que estoy fuera de mi lugar. Todo el mundo ya se conoce y yo, simplemente, soy el recién llegado, el raro. Recuerdo como un leve atisbo de timidez (harto rara en mi) se dejaba ver y me hacía más callado y taciturno.
Recuerdo una persona (a quien ya conocía) que se acercó y estuvo charlando conmigo, con lo que consiguió desterrar todo rastro de timidez de mi comportamiento y hacerme ser el de siempre.

Recuerdo esas horas muertas en la piscina, jugando a las cartas, escuchando música, hablando o simplemente mirándonos unos a otros sin decir nada, porque las palabras sobraban en aquel recinto en el que todos nos conocíamos.

Recuerdo las tardes en las que íbamos a un banco, o a la ría, a comer pipas para matar el tiempo mientras discutíamos sobre cosas totalmente banales e insignificantes.

Recuerdo la expresión de una amiga cuando dejó a su novio cuando le vio con otra mujer porque él le había dicho que no la quería. Recuerdo el sentimiento de inutilidad que me invadió en ese momento al no saber qué decir, ni qué hacer ni cómo comportarme.

Recuerdo una cena en la terraza de un bar. Esa noche pedí a todos los que cenaron junto a mi que estampasen su firma en la cuenta diciéndoles que la conservaría. En este mismo momento estoy observando el blanco papel lleno de tinta de rotulador negro con los nombres de todos los que estuvieron junto a aquel día.

Recuerdo a una chica llorando por la muerte de un familiar. Recuerdo su expresión al sentir cómo la abrazaba, momento en el que casi escuché sus pensamientos, en los que se extrañaba de que yo, que hasta ese momento le caía mal, la hubiese abrazado al verla sufrir. Recuerdo como, a partir de ese momento, esa chica pasó a ser una de mis mejores amigas.

Recuerdo ese continuo flujo de sonrisas con el que nos deleitábamos segundo a segundo, recuerdo que la palabra "triste" no podría utilizarse para definir nuestro estado emocional en la mayor parte del tiempo de las vacaciones.

Recuerdo a una chica llorando porque su novio había llevado en moto a mi hermana y los celos pudieron con ella. También recuerdo la mirada impasible del chico, como si se tratase de un canto rodado en lugar de una persona. Mi pensamiento fue de profundo odio hacia el chico, al ver que ella estaba pasándolo mal por su culpa y él permanecía tranquilo.

Recuerdo caminar agarrado a una amiga la última noche por todo el pueblo porque ella lo estaba pasando mal. Recuerdo un abrazo interminable en el portal del bloque de apartamentos esa misma noche. Recuerdo todos y cada uno de los viajes en ascensor de ese día. Recuerdo como me dio la impresión de que el tiempo se paraba en aquel momento lleno de magia, en aquel rellano del segundo piso. Recuerdo como, para mi pesar, el tiempo no se había parado y tenía que volver al apartamento que había alquilado para hacer la maleta, y partir al día siguiente. Recuerdo un ¿mañana nos vemos? y recuerdo mi afirmación y el susurro de un "mañana nos vemos, como sea" que emitió mi corazón.

Recuerdo la mañana de mi partida, terminando todos los preparativos deprisa y corriendo para poder apurar los últimos minutos a su lado. Recuerdo su expresión desolada (seguramente igual que la mía) cuando bajé al portal y la vi. Recuerdo el viaje en ascensor hacia el garaje. Recuerdo el triste y deprimente momento de la despedida. Recuerdo el mirar atrás desde el coche, hasta que llegó la primera curva en la carretera, escondiendo detrás de un edificio aquellos 15 días. 15 días repletos de emociones. 15 de los mejores días que he vivido nunca.

Animo a todo el que lea esta entrada a que se ponga a recordar sus mejores momentos. Aquellos breves periodos de tiempo que, por una u otra razón, se convierten en especiales y pasan a la categoría de inolvidables. También os animo a que escribáis como comentario en esta entrada algún recuerdo que os parezca importante o que haya sido especialmente especial (valga la redundancia) para vosotros y que queráis compartir con el resto de lectores.

Un saludo y un abrazo a tod@s.

sábado, 28 de abril de 2007

Siempre nos quedará París...

Como ya dije en la entrada anterior es tiempo de despedidas, esos odiosos momentos que te hacen llorar a lágrima viva y estar triste porque una persona a quién quieres se marcha para, quizás, no volver jamás. Tiempo de cambios que, aunque no vayan a afectar al mundo entero, para algunas personas son importantes. Simplemente una persona deja de escribir en una página web. Sólo una pequeña mota de polvo en el gigante tren del transcurso de tiempo en el mundo. Pero una mota de polvo que a ciertas personas les interesa.

El ser humano tiene la molesta costumbre de olvidar el pasado a medida que pasa el tiempo y centrarse sólo en lo que sucede en su presente, con lo que las viejas amistades se pierden y se destierran a los más remotos y oscuros rincones del cerebro para quedarse acumulando polvo sin ser rescatadas y recordadas jamás. Es algo que sucede siempre, por más que se digan palabras vacías del estilo: "No te olvidaré jamás", o "siempre estarás en mi corazón". Da rabia pensar que alguien que ahora mismo es una persona muy importante en tu vida dentro de un tiempo pasará a ser simplemente un conocido con el que ya apensas tienes contacto.
Pero es evitable, sólo hay que querer evitarlo para impedir que suceda. Simplemente hay que utilizar todos los métodos disponibles para mantener el contacto con esa persona durante el mayor tiempo posible.

Yo no dejaré que ocurra. Dentro de poco me voy a despedir de muchas personas, y tú, que estás leyendo esto eres una de ellas. No permitiré que nos distanciemos y dejemos de hablar, no permitiré que dejes de leerme (a no ser que quieras hacerlo por voluntad propia, claro). No permitiré que el paso del tiempo arruine una relación que en su día fue más que buena. No olvidaré todos los momentos que hemos pasado. Por eso lo escribo aquí, para dejar constancia por escrito de que jamás me olvidaré de todas y cada una de las personas que entran a leer este modesto blog.
Siempre nos quedarán esos momentos en los que te sientes fatal y odias tu vida y sólo te reconforta ver las letras que escribe otra persona al otro lado del país. Esas tardes de invierno en las que estás metido/a en casa, sentado enfrente del ordenador hablando con esa persona y jugando a cualquier juego en cualquier página. Las palabras habladas se olvidan, las escritas permanecen plasmadas en un medio durante toda la vida.

Puede que tarde en hacerlo, pero volveré.

Hasta otra.

lunes, 23 de abril de 2007

Triste ¿despedida?

Me voy.

Por circunstancias ajenas a mi voluntad me quedo sin una conexión regular a internet. Cuando me enteré de la noticia me sentí bastante abrumado al pensar qué iba a ser del futuro de este modesto blog, imaginé que se iba a quedar perdido a la deriva en el cruel mundo de internet, mundo lleno de molestos críticos que al pasar piensan que el blog es una mierda al tener tan pocas cosas. Pero una bonita y blandita idea llegó a mi maltrecho cerebro sin llamar a la puerta para alojarse en él haciéndome pensar que siempre había estado allí.

Un buen amigo mío llamado Saúl era (y es) la persona adecuada para plasmar su artística prosa en este recóndito espacio lleno de píxeles, bits y bytes. Con el corazón en un puño le pedí que por favor se encargara de aqueste blog rogando para mis adentros que aceptara, para que los cinco minutos que tardé en crear esta página no se hubieran malgastado en vano. Aceptó, y desde hoy es coautor y coadministrador del blog. Tiene total libertad para editar y modificar entradas así como para hacer lo que quiera con la página, cambiar la distibución de colores etc...

Me voy con la tranquilidad del que sabe que deja su propiedad en las manos más selectas. El nuevo autor es de lo bueno lo mejor, un chaval inteligente capaz de hacerte ver en lo más sencillo del mundo cosas en las que jamás te habías fijado antes. Estoy seguro de que nos deleitará a todos con sus composiciones. Aunque la falta de tiempo le acosa bastante confío en que pueda conseguir unos minutos para estampar sus palablas en este pequeño espacio (al que no sé si entra alguien porque nadie comenta, por cierto).

Sin más, me despido. No sé por cuánto tiempo. Seguiré escribiendo, y si algún día vuelvo a tener internet continuaré el blog allá donde lo dejo ahora. Un saludo y cuidaos.

viernes, 9 de marzo de 2007

Exceso de concentración.

El otro día tuve un examen de Filosofía. Como mi nivel de conocimientos filosóficos es bastante parco me inventé lo mejor que pude las 5 preguntas de las que constaba el examen y observándolo con gesto aprobativo (por si me estaba mirando alguno de mis compañeros, no porque pensase que lo había hecho bien) cerré el bolígrafo negro que había utilizado para estampar mi prosa en aquel folio marcado (la profesora es un pelín maniática y nos marca las hojas) me estiré y comencé a pasar la vista sobre mis compañeros de clase. Yo era el único que había terminado el examen y quedaban unos veinte minuos para que acabara la clase. Mis compañeros estaban todos más o menos concentrados en el folio que tenían delante, algunos con expresión de pura desesperación al no saber contestar a alguna pregunta y otros, muy seguros de si mismos, respondiendo tranquilamente a las cuestiones a las que se enfrentaban.

Pero hubo una cara que me llamó la atención. Una de mis compañeras estaba con la nariz prácticamente pegada al papel con la cara crispada por la concentración extrema a la que estaba sometida. Tenía una expresión acojonante (no se me ocurre otra palabra que describa mejor lo que veía), daba miedo verla, con los ojos desencajados y escribiendo a toda velocidad. Acabó de rellenar el folio en el que estaba escribiendo y en dos milésimas de segundo cogió otro al que empezo a torturar de las misma manera. Una gota de sudor recorría su frente, pero ella no parecía darse cuenta. Sonó el timbre que indica el final de la clase. Mis compañeros se levantaron y dejaron el examen en la mesa de la profesora con expresión de pena. Me levante, agarré mi mochila y me dispuse a salir por la puerta; pero al ir hacia la salida me giré y vi que la muchacha del examen seguía escribiendo en él con la misma cara de desesperación sin haber escuchado la campana. La profesora se acercó a su mesa y la dijo que el tiempo se había terminado y que debía entregar el examen. La chica levantó la cabeza con la mirada perdida, como si se hubiera olvidado de el lugar en el que se encontraba. Cuando comprendió que estaba en clase y que el tiempo había acabado escribió dos frases más a toda prisa y depositó el examen de mala gana en la mano de la profesora ya impaciente por irse a su casa.

Lo que no entiendo es cómo puede alguien llegar al punto de concentración que te hace olvidarte del mundo exterior en un simple examen parcial, es una situación de deseperación por querer poner un tema de diez páginas en dos folios en una hora. Escribo este mensaje sólo para recomendaros que no os toméis los exámenes tan a pecho, ya que salen muchísimo peor si estás nervioso que si vas relajado. Tómatelo con tranquilidad e intenta recordar todo lo que sabes y resumirlo lo mejor posible; no llegues a los extremos de mi compañera de clase, que estuvo al borde del infarto. Mucha suerte.

P.D. Seguramente esa chica saque un sobresaliente en el examen, y me juego el cuello a que yo no saco más de un 5 pelao, si llego. Eso me pasa por estar mirando a mis compañeros en vez de acabar los exámenes como es debido mientras pienso en la nueva entrada que escribiré aquí..